Donar sangre con hepatitis

La hepatitis es una condición anormal del hígado caracterizada por la inflamación del mismo, la cual puede ser producida por virus afines al tejido hepático (virus de la hepatitis A, B, C y D), intoxicaciones o como parte de la manifestación clínica de otras enfermedades, por ejemplo, la mononucleosis. 

Por muchos años, se ha dicho que es imposible donar sangre si en algún momento se sufrió de hepatitis. Sin embargo, gracias a numerosos estudios médicos, podemos asegurar que dicha afirmación no es del todo cierta.

Tipos de hepatitis

Las hepatitis de origen viral suelen ser de mayor preocupación en el ámbito de la medicina, especialmente las de tipo B y C, ya que, por lo general, su repercusión en el organismo humano es bastante negativa. 

La hepatitis A o hepatitis infecciosa, llamada así por su agente causal (VHA), se transmite por medio del consumo de alimento o agua contaminada con trazas de heces fecales infectados por el mencionado virus. El curso de esta enfermedad es relativamente benigno, sobre todo en los niños, pues no se cronifica, ni tampoco afecta al hígado de manera permanente. Inclusive es común que no presente síntomas relevantes. 

La hepatitis B, mejor conocida como sérica; es producto del virus de la hepatitis B (VHB), cuyo contagio se genera a través del contacto con fluidos corporales infectados (semen, sangre, saliva, secreciones vaginales y orina), por lo que su transmisión abarca muchas formas, entre las cuales están: compartir jeringas contaminadas, no importa si son de acupuntura, tatuajes, piercings o drogas, compartir instrumentos de aseo personal como cepillos dentales, contagio vertical, es decir de madre a feto o bebé y por supuesto transfusiones sanguíneas.

El verdadero problema con la hepatitis B es que su curso agudo (menos de 6 meses) tiende a hacerse crónico fácilmente, sin expresar síntomas en lo absoluto. Por suerte, los individuos inmunocompetentes que logran superar la etapa inicial, crean inmunidad de por vida.

En cuanto a la hepatitis C, es causada por el virus VHC, que al igual que la hepatitis B se transmite por contacto íntimo con sangre infectada, es por ello que sus modos de contagio son por medio de todo aquello que implique manipulación de objetos punzocortantes (transfusiones sanguíneas, hemodiálisis, partos, etcétera). Este tipo de virus también tiene la capacidad de perpetuarse en el tiempo.

Finalmente, la hepatitis D originada por el virus VHD, se transmite exactamente igual que la hepatitis B y C. Pero, tiene una particularidad bastante curiosa, y es que necesita obligatoriamente de la existencia de una infección por el VHB, para poder actuar en el cuerpo humano. Eso explica la aparición de síntoma agudos característicos como ictericia, fiebre y anorexia, así como su gran habilidad para su cronificación.

¿Es posible donar sangre con hepatitis?

Normalmente, haber sufrido de hepatitis, excluye a muchos candidatos a la donación de sangre, dado que garantizar la seguridad del receptor es lo primero. No obstante, en teoría las personas que hayan sido infectadas con hepatitis A podrían donar sin problemas, al contrario de los individuos, que hayan padecido de hepatitis B, C o D.

De acuerdo a las normativas sanitarias internacionales, todas las personas que hayan presentado un caso de hepatitis luego de los 12 años son automáticamente descartados como donantes, debido a que, como mencionamos anteriormente, tanto la hepatitis B, como la C y la D pueden dejar portadores crónicos. 

Por otro lado, la disyuntiva con la hepatitis A es su complicada diferenciación, con los demás virus de la hepatitis. Por tal motivo, los profesionales de la salud, prefieren descartar a cualquier prospecto de donante, que refiera haber tenido hepatitis después de la niñez. Pero, si relata que dicho episodio sucedió previo a los 12 años no hay ningún problema, gracias a que antes de esa edad la hepatitis vírica es completamente invariable del tipo A.

Actualmente, cada banco de sangre existente se encuentra en el deber de analizar de forma minuciosa toda la sangre donada, para así descartar no solo la presencia de hepatitis B, C o D, sino también de otras infecciones graves, como sífilis o VIH. Desgraciadamente, los materiales utilizados para reconocer la hepatitis son costosos y de complicado acceso, por lo que la medida más rápida y sencilla para evitar contagios, es descartar individuos, con antecedentes de hepatitis de cualquier tipo.

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